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Comida gourmet ambulante en las calles de Nueva York

Disfrutar de un esponjoso brioche recién hecho o un helado cubierto de copos de coco al curry se convirtió en una experiencia callejera.

La locura por la comida gourmet ha invadido las aceras de Nueva York. Desde el año pasado, varios puestos gastronómicos móviles elevaron la cocina callejera a un nuevo nivel, con ofertas como helado con cobertura de wasabi, brioche de naranja, o schnitzel de bacalao. Los fieles seguidores pueden localizar a sus vendedores favoritos mediante medios sociales de internet como Twitter.

Oleg Voss, copropietario de Schnitzel and Things Food Truck, explicó que después de perder su trabajo en finanzas en 2009 decidió aparcar su puesto de comida en Wall Street, antes que intentar regresar a la banca.

“No voy a buscar otro trabajo en la industria financiera, ¡porque no hay ninguno! Sabe, yo y mi colega nos convencimos de la idea de abrir Schnitzel Truck y nos lanzamos con todo”, explicaba.

Tal como el camión de Oleg, hay una decena de nuevos restaurantes “gourmet” ambulantes en la ciudad. Y sus dueños suelen tener un perfil más corporativo. La inversión inicial va desde los 10 mil dólares por un camión de segunda mano, hasta cientos de miles de dólares por un camión nuevo. Las ganancias pueden llegar a casi medio millón de dólares.

Para atraer a lo clientes, los vendedores ofrecen sabores únicos y usan las redes sociales para poder ser rastreados.

“Yo estaba chateando con mi primo y a la vez busqué el camión de helados en Facebook. La página decía que estaba a una cuadra de donde estaba trabajando. Le colgué a mi primo y vine directo para aquí, y he venido casi todos los días desde ese entonces”, afirmaba Jason Guerrero, fanático de Big Gay Ice Cream Truck.

Los clientes están encantados. Pero algunos se quejan de los nuevos puestos de comida. El ayuntamiento propuso una ley para revocar la licencia de los camiones que tengan muchas multas de estacionamiento. Y los vendedores que llevan tiempo en la calle no están contentos con la competencia.

“Aquí estoy haciendo un solo perro caliente, no estoy ocupado. Cuando viene uno de esos camiones pierdo mucho dinero”, comenta Hassan Sman, vendedor de panchos.

Hay dueños de restaurantes que se sienten desaventajados, ya que los camiones estacionados a las afueras no pagan renta ni impuestos.

“Los gastos de nuestro negocio no se comparan al que ellos tienen en la calle. No son proporcionales. Y ese es el mayor reparo que tenemos cuando aparecen frente a nuestro restaurante todos los días”, afirma Evan Xenopoulos, gerente de Oxford Restaurant.

Pero los que parecen tener la última palabra son los clientes, que votan con sus pies. A juzgar por las filas que se forman, el mejor lugar para comer, al menos este verano, parece ser en un puesto callejero.

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