Cazas de la aeronáutica amplían diferencias entre Lula y militares en Brasil

La aparente preferencia de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) por el avión de combate sueco Gripen sobre el francés Rafale, favorito del gobierno, según divulgó la prensa este martes, amplía los desentendimientos entre el presidente Luiz Inacio Lula da Silva y los militares.

La aparente preferencia de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) por el avión de combate sueco Gripen sobre el francés Rafale, favorito del gobierno, según divulgó la prensa este martes, amplía los desentendimientos entre el presidente Luiz Inacio Lula da Silva y los militares.El año 2009 se cerró en el país sudamericano con una complicada confrontación entre militares y gobierno, que llevó a los comandantes de las fuerzas armadas y al ministro de Defensa, Nelson Jobim, a amenazar con dimitir si el gobierno no retrocedía en la creación de una 'Comisión de la Verdad' para investigar los delitos de la dictadura militar (1964-85).Este martes, el diario Folha de Sao Paulo afirmó que el análisis técnico de la Fuerza Aérea para la compra de 36 aviones colocó en primer lugar el caza Gripen NG de la fabricante sueca SAAB, en segundo al F/A 18 de la estadounidense Boeing, y por último el favorito del gobierno, el Rafale de la francesa Dassault."El año de 2010 comienza con un buen lío" entre los militares y el gobierno, asegura la columnista Eliane Cantanhede, autora de la información."Son dos temas (la licitación de los aviones y la comisión) bastante diferentes pero, llegando al mismo tiempo, uno puede contaminar al otro", agrega."Fueron plantadas semillas que pueden generar una crisis futura. Eran cuestiones que podían resolverse técnicamente, y se convirtieron en políticas", dijo a la AFP el coronel retirado Geraldo Cavagnari, especialista en estrategia militar.El caso de los aviones se arrastra desde setiembre, cuando durante una visita del mandatario francés, Nicolas Sarkozy, Lula expresó su preferencia por los Rafale. Como la Aeronáutica no había terminado el informe técnico, el gobierno dijo que esperaría, aunque Lula dejó claro que la decisión definitiva era suya.Los tres aviones son finalistas de una licitación valorada en miles de millones de dólares para la compra de 36 aviones, con la que el gobierno pretende dinamizar una industria nacional de defensa y responder a un viejo reclamo de los militares para modernizar sus equipos. Los tres competidores se lanzaron a un férreo lobby que dura meses.Según Folha, la FAB preferiría el avión sueco, a pesar de ser monomotor, por ser más barato y por sus posibilidades comerciales que serían mayores por estar aún en desarrollo. Según el rotativo, la aeronáutica brasileña Embraer habría indicado no estar interesada en un proyecto para construir el Rafale, porque el margen de beneficios sería menor.Tanto Lula como su ministro de Defensa no han escondido su preferencia por el Rafale, basada en un compromiso de transferencia total de tecnología.Brasil ya firmó el pasado año un millonario contrato con Francia para la compra de submarinos y helicópteros, y esta debía ser la primera venta internacional del Rafale, que ponía broche de oro a unas excelentes relaciones entre Lula y Sarkozy.La presidencia francesa no quiso comentar las informaciones, y se declaró "serena" sobre sus posibilidades en la licitación.Ambos casos que afectan a la relación entre militares y gobierno fueron apenas ventilados en prensa. Consultado por la AFP, el ministerio de Defensa declinó comentar. Lo mismo ocurrió con la Fuerza Aérea, que apenas emitió un comunicado confirmando que el informe de los cazas está terminado pero no fue entregado al gobierno.En el caso de la Comisión para investigar los delitos de la dictadura (1964-85), en la que las Fuerzas Armadas reclamaban un acuerdo que garantizaba que si los militares eran investigados la resistencia política también, la crisis "se solucionó" tras el compromiso de Lula sobre el pedido, "pero dejará secuelas porque se quebró la confianza" de los militares, dijo entonces a la AFP el presidente del Frente Parlamentar de Defensa, diputado Raul Jungmann.

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