El Canalla Sentimental de Jaime Bayly: La Crónica de un Colapso Anunciado

"El Canalla Sentimental," por Jaime Bayly, se presenta como una novela con lo cual explícitamente se da licencia para la ficción. Pero más que una novela, "El Canalla Sentimental" es una serie de viñetas con anécdotas que en su conjunto revelan, sino la vida, si el pensar y el sentir de su autor.

Mucho antes de llegar a la edad en la que inevitablemente ocurre—según la escritora belga, Marguerite Yourcenar—para Jaime Bayly la vida es ya una derrota asumida. A sus escasos 44 años, Baylys, como se apellida el personaje de su más reciente novela El Canalla Sentimental,  parece haber aceptado eso a cabalidad.
 Bayly nunca ha tenido empacho en confesar sus amores. Así lo hizo en 1994 cuando publicó su primera novela, No se lo Digas a Nadie, con la cual causó un gran escándalo entre la alta sociedad peruana, a la que pertenece. En ella, Bayly relataba con lujo de detalles su inclinación por las drogas y la pasión homosexual.   Lo hizo también en Yo Amo a mi Mami donde expresa su devoción, no por la mami del título, sino por la niñera que  lo cuido con la devoción de una madre.
El Canalla Sentimental se presenta como una novela con lo cual explícitamente se da licencia para la ficción. No se sabe a ciencia cierta qué tanto de lo que se dice es real o imaginario, pero se puede asumir que, como toda la literatura de Bayly, hay mucho de autobiográfico.  Más que una novela,   El Canalla Sentimental es una serie de viñetas con anécdotas que en su conjunto revelan, sino la vida, si el pensar y el sentir de su autor.  En una entrevista para la televisión española,  Bayly describe así su libro: ¨… es el cuaderno de un viajero extraviado que perdió la brújula y sabe que no la encontrará. En realidad, no quiere ya encontrarla¨.
Jaime Bayly nació el 19 de febrero de 1965 en Perú. Es el tercero de una familia de diez hermanos. Estudio en la Universidad Católica del Perú pero fue expulsado y decidió dedicarse al periodismo. Debido a la terrible relación con su padre, se fue de su casa a los 15 años y entró al diario La Prensa. Su carrera en televisión comenzó a los 18 años cuando empezó a entrevistar a personajes políticos en el programa Pulso del Canal 5.  La publicación de su primera novela No se lo digas a nadie levanto un escándalo en Perú al tratar abiertamente no sólo su bisexualidad y adicción a las drogas, sino también al destapar a diversos personajes del ambiente artístico y político peruano como homosexuales de clóset o cocainómanos. La familia de Bayly trató de impedir la publicación del libro ofreciéndole una suma de dinero que éste rechazó.
El personaje Jaime Baylys, se parece en todo a su autor (se aumento la “s” al final del apellido porque dice que mucha gente lo llama así: “Señor Baylys, soy su fans”).  Como el peruano, Baylys es un comentarista de televisión y escritor bisexual que divide su tiempo entre Miami, donde trabaja;  Perú, donde vive su ex esposa y sus dos hijas;  y  Argentina, donde vive su amante, Martín. Pero, como  todo en la vida de Bayly, nada es lo que parece. Bayly pide que no se le tome en serio, pero mucho de lo que dice no puede tomarse de otra manera y aunque escrita con un humor chispeante, deja entrever también una decepción y desesperanza a la que quiere restarle importancia, pero que se siente profunda.
De entrada confiesa: “El tiempo me ha revelado… que soy un escritor mediocre. Al mismo tiempo, me enorgullezco de que, sabiendo que soy un mediocre, me obstino en seguir escribiendo, me aferro a la superstición de creer que mi destino es el de escribir ficciones y que no debo traicionarlo”.
Como su atinado título, el personaje Jaime Baylys denota una profunda sensibilidad, pero a la vez, utiliza su pluma para destruir sin piedad la reputación de mucha gente. En un pasaje del libro evoca su tiempo en Washington: “… los días lejanos en que viví en estas calles, mientras escribía—ejecutaba—mis primeros libros, mis primeras venganzas”.  Lo único que podría disculparlo es que con nadie es más cruel que consigo mismo. En El Canalla Sentimental, cual Francotirador (como se llama su programa en Perú), dirige el fuego contra sí mismo  y demuestra que Jaime Bayly no tiene peor enemigo que él mismo.
En un pasaje confiesa: “…lo que me procura cierto grado de razonable bienestar es aceptarme como una mala persona y quererme como una mala persona y cultivar esas cosas malas de mi, como por ejemplo la pereza , el egoísmo, la mezquindad, un cierto desprecio por la vida humana en general y  la mía en particular”.
En otro pasaje, Bayly se refiere a su  “…obsesión autodestructiva”. Al mismo tiempo, Bayly habla sin tapujos sobre los métodos que utiliza para acallar su dolor, tranquilizantes y antidepresivos.  “No sé si lo que soy ahora es lo que solía ser o si es un estado de ánimo creado artificialmente por las drogas a las que me he hecho adicto. En mi caso la serenidad se compra en la farmacia y es cara”.
En especial las últimas páginas de El Canalla Sentimental suenan más a una canción desesperada, son el retrato de un hombre profundamente deprimido, decepcionado de la vida y de los seres humanos. “A veces pienso en dispararme un perdigón en el pecho, pero no lo hago porque creo que sería un suicidio ineficaz además de ridículo y ya fracase una vez tratando de suicidarme con pastillas.” “… he pensado que debo llevar siempre conmigo unas pastillas lo bastante letales para acabar con mi vida” Hay una llamada de auxilio en sus confesiones?  Bayly sería el último en admitirlo.
Bayly pretende que en realidad nada le importa, quizás porque le importa demasiado. El autor se refiere constantemente con cariño a sus seres queridos (sus dos hijas, su ex esposa y su amante). Pero, estos se van revelando poco a poco, sutilmente, como poco  meritorios de su estima. En especial se transpira la herida abierta que la relación con su padre le provoco.  “… he pensado que lo único que verdaderamente necesito es que me ame un hombre como nunca me amo mi padre”
Al final y—seguramente—sin proponérselo, Bayly deja entrever cual es el verdadero amor de su vida: la televisión. A pesar de llevar 25 años haciéndola con gran éxito, constantemente subestima la actividad  por la que es más conocido y la desprecia.  Asegura que, “Como hago televisión todas las noches, y como me entrego a ella solo por dinero, suelo olvidar las cosas que digo en mis programas.”
En una entrevista para la televisión española, Bayly asegura:   “ Soy un rehén de la televisión…  Me pagan bien, pero mi trabajo me parece tonto y a veces despreciable, y siempre que salgo del estudio pienso que debería dejarlo y dedicarme a escribir”.  Desafortunadamente todas sus proclamas de desprecio a la televisión desembocaron en su conclusión inevitable: Jaime Bayly apareció por última vez en la Mega el viernes 24 de julio.  Su contrato no fue renovado debido a su legendaria pelea con los directivos de la empresa a quienes acuso al aire de no cumplirle con sus promesas de pago e ignorar sus peticiones para que subieran la temperatura del aire acondicionado en el estudio (You Tube tiene todos los videos en los que se puede ver los episodios de la esta pública disputa).
Una lástima en verdad porque si hay algo que queda claro en El Canalla Sentimental, es que  el  único amor inconfesado—y, al parecer, inconfesable—de Jaime Bayly es precisamente la televisión, y es ese amor, quizás el único, en el que es totalmente correspondido.  La cámara y su público lo aman.

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