Cambiemos la palabra lamentar por la palabra trabajar

Así como cambian las estaciones del año, el calor de las hojas, en un otoño, las plumas de algunas aves o el tiempo y su clima. Así también nosotros estamos llamados a cambiar, a mejorar de una forma positiva.

Así como cambian las estaciones del año, el calor de las hojas, en un otoño, las plumas de algunas aves o el tiempo y su clima. Así también nosotros estamos llamados a cambiar, a mejorar de una forma positiva. Al hombre del mundo o carnal se le invita a través del Evangelio y de la palabra de Dios a convertirse en un hombre espiritual. No podemos continuar toda una vida siendo conformistas, hay que aspirar a algo pero algo mejor.

En la mayoría de los casos reaccionamos de la manera equivocada ante las cosas que nos suceden, porque no nos preparamos para poder enfrentarlas. Cada vez que nos toca pasar por la adversidad, es necesario entender que ésta tiene como propósito convertirnos en mejores personas, no en más amargadas personas; todo depende de nuestra actitud.

La diferencia entre un obstáculo y una oportunidad es nuestra actitud hacia el. Usted nunca verá salir el sol si solo se dedica a mirar hacia el oeste; lógicamente porque el sol sale siempre por el este. Cambiemos la palabra “fracasar” por la palabra “trabajar”, caerse por levantarse; cambie la posición de resistir por la de recibir.

En las Sagradas Escrituras la palabra “trabajar” aparece quinientas sesenta y siete veces. Es una palabra que Dios le deja claro al primer hombre de la historia de la Creación, Adán, cuando le explica que con el sudor de su frente comería. Más tarde dirá el apóstol San Pablo: “Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3, 10). Para que obtengamos cosas de valores en la vida, es necesario dar el máximo de uno mismo. Dios no quiere que estemos siempre quietos e inactivos, nos creó para movernos y realizar buenas obras. Los mayores logros de la humanidad se obtuvieron cuando se prestaron los mayores desafíos.

Cada cosa dura que le toque pasar, puede ser la antesala de algo grande de lo que usted y otros se van a beneficiar. Si su actitud es depresiva o siempre negativa, piense y observe en lo hermoso que es el mar, el firmamento, las montañas, los niños jugando con la arena, además de ellos divertirse construyen castillos de arenas sembrando sueños y proyectos de esperanza. Adelante, hay mucho que hacer y trabajar por la humanidad. Colabore y sea un voluntario de la Cruz Roja, de los Scouts, de un ancianato, orfanato, de una escuela o de una obra benéfica. No se quede con los brazos cruzados, ¡Hay mucho por hacer!

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