Brasil, Honduras y el Tiro que Salió por la Culata

¿Qué intereses tiene Brasil en Honduras? ¿Qué grandes negocios? ¿Qué influencia en sus asuntos internos? En el mejor de los casos, Brasil solo tiene intereses periféricos en el país centroamericano. ¿Por qué, entonces, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva se catapultó al epicentro de la crisis hondureña? ¿Por qué ha permitido que la embajada brasileña en Tegucigalpa se convierta en el cuartel general del depuesto presidente Manuel Zelaya?

Desde que se refugió en la embajada de Brasil el lunes 21 de Septiembre, Zelaya ha llamado a la insurrección popular contra el presidente interino Roberto Micheletti. Esto es ilegal de acuerdo a las normas internacionales, si Zelaya se encuentra en la embajada como refugiado político. Y si no es un refugiado político, facilitar que Zelaya use la inviolabilidad de su embajada para desde su interior atacar a Micheletti es –por parte de Brasil- involucrarse de manera unilateral e inaceptable en los asuntos internos de Honduras.

Lula da Silva ha dicho que Zelaya es simplemente un invitado y que puede quedarse en la embajada el tiempo que quiera, pero Micheletti ha reiterado que Brasil debe llevarse a su país a Zelaya como asilado, ó entregarlo a la justicia hondureña.

No es de extrañarse por lo tanto que el actual gobierno de Honduras haya dado este sábado Septiembre 26 diez días de plazo a Brasil para que declare el estatus de Zelaya, advirtiendo de pasada que de lo contrario adoptará "medidas adicionales" que no especificó.

En menos de 24 horas, la cancillería brasileña respondió diciendo que no  reconoce el  ultimátum dado por Honduras, por provenir de un gobierno ilegítimo.

¿Y ahora?

La zona donde está ubicada la embajada de Brasil está rodeada por más 2.000 militares y cientos de policías. Simpatizantes de Zelaya han sido dispersados por la fuerza produciéndose arrestos y heridos.

Por momentos, la embajada ha estado sin electricidad y sin alimentos. Zelaya ha denunciado además que las fuerzas de seguridad lanzaron en días pasados gases tóxicos  hacia la sede diplomática y también sonidos a un volumen que aturde.

Personal médico independiente y de Naciones Unidas que ingresaron la semana pasada a la embajada notaron precarias condiciones de salubridad, ya que las decenas de personas que están con Zelaya estaban “usando el único baño y aún no se les permite el ingreso de ropa limpia".

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas emitió un pronunciamiento el viernes 25 de Septiembre en el que exigió que Micheletti deje de hostigar la embajada brasileña y algunos países europeos han manifestado su interés en regresar a sus embajadores a Tegucigalpa para ayudar a resolver la crisis… pero la Cancillería hondureña condicionó el retorno de los embajadores que fueron retirados de Tegucigalpa después del cambio de gobierno del 28 de junio, al afirmar que serán recibidos solo si sus países reconocen como legítimo al gobierno interino. Y como si fuera poco, la precaria intermediación que la OEA venía sosteniendo en Honduras para resolver la crisis ahora parece estar agonizando.

¿Y para qué precipitó todo esto Lula da Silva? ¿Para posicionarse mejor con las oportunidades de negocios en Venezuela dando una mano al presidente de ese país, Hugo Chávez, un fuerte aliado de Zelaya? ¿Para hacer lucir a Brasil en el escenario mundial como país importante e influyente? ¿Para anotarse puntos con Washington? 

Lula da Silva goza de una extraordinaria popularidad en Brasil. El 64% de los encuestados respondió en un reciente sondeo nacional que su gobierno ha realizado un “buen” o “excelente” trabajo en el poder. ¿Se le subieron los humos a la cabeza a Lula? 

Es difícil imaginar que la crisis hondureña se resuelva ahora gracias a la intervención de Brasil. Es más fácil imaginar que la crisis se siga complicando y que si se resuelve, no sea gracias sino a pesar de la metida de pata brasileña.

Afortunadamente para Lula, aún es posible que se logre una solución. Pero desafortunadamente para él, hasta entonces solo parecerá que la embarró en Honduras.


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