Bolivia vota en calma, un año después de esquivar una guerra civil

Filas ordenadas con miles de personas en los centros de votación son una muestra de la tranquilidad del proceso electoral boliviano, en un panorama totalmente opuesto al que vivía Bolivia hace un año, cuando la polarización política puso al país al borde de una guerra civil.

Filas ordenadas con miles de personas en los centros de votación son una muestra de la tranquilidad del proceso electoral boliviano, en un panorama totalmente opuesto al que vivía Bolivia hace un año, cuando la polarización política puso al país al borde de una guerra civil."La participación de la gente es ordenada y la votación es tranquila", gráfica a la AFP María Vallejos, presidenta de una mesa de votación en el colegio Hugo Dávila, en la zona central de la ciudad de La Paz, habitada principalmente por personas de la clase media.El panorama en los centros de votación en La Paz, sede de Gobierno y de unos 600.000 habitantes, es similar en todo el país, algo excepciones en un país con larga tradición de confrontación y que en sus 184 años de historia republicana registró más de 200 golpes civiles y militares."Hay un clima de tranquilidad y paz", dice por su lado a la AFP el español José Antonio de Gabriel, jefe adjunto de la Misión de Observadores de la Unión Europea, conformada por una delegación de unas 120 personas de 25 de los 27 países de la UE, desplazados por todo el territorio nacional.Sólo los dos ataques políticos en la última semana por parte del gobierno contra el derechista Manfred Reyes Villa, principal candidato opositor, marcaron la agenda electoral.Hace 15 meses los conflictos entre el gobierno del presidente Morales y la oposición de derecha, anclada principalmente en cuatro de las nueve regiones del país, desencadenó violentas protestas.Septiembre de 2008 fue la cúspide de los conflictos, cuando Bolivia estuvo al borde de una guerra civil: tomas violentas de oficinas públicas y aeropuertos domésticos, decenas de cortes de ruta y hasta voladuras con explosivos de ductos de gas fueron el pan diario.Las protestas fueron empujadas por líderes políticos y cívicos de los departamentos de Santa Cruz (la más rica de Bolivia), Beni, Pando y Tarija (región gasífera) que demandaba autonomía del poder Ejecutivo y, en el fondo, rechazaba el modelo presidencial de corte indígena y estatista.Ese mes también existía una honda discrepancia en torno a la nueva Constitución que el mandatario promovía y que -según él- evitaría el retorno del país al modelo neoliberal que rigió Bolivia en los últimos 20 años.Esos sucesos fueron calificados por la administración de Morales como un "intento de golpe de Estado" de parte de las regiones opositoras.El mandatario de tendencia izquierdista logró sofocar los desmanes, inició juicios penales a los promotores e incluso expulsó esos días al embajador de Estados Unidos en La Paz, Philip Goldberg, a quien acusó de ser cabecilla intelectual de los conflictos.A partir de allí el viento ha corrido en favor del mandatario, con una oposición que se fue diluyendo o fragmentando, algo que debería ser corroborado con la elección de este domingo."Tenemos que votar en paz", dijo este domingo el jefe de Estado, desde su bastión político el Chapare, en el centro de Bolivia, controlado por los combativos sindicatos de cocaleros que con sus cortes de rutas jaquearon a los presidentes que antecedieron a Morales.

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