Away We Go: Una “road movie” que no va a ninguna parte

La cinta se centra en una pareja de treintañeros que descubren en la primera escena que van a tener un hijo. Burt (John Krasinski) y Verona (Maya Rudolph) deciden embarcarse en un viaje a través de Estados Unidos para decidir donde establecerse.

Para determinar si la película Away We Go está bien lograda habría que preguntarse si Sam Mendes estaba tratando de ser simpático o patético. Si se trata de lo segundo, lo consigue a cabalidad. La cinta—obviamente “inspirada” en la muy superior historia escrita a y dirigida por David O’Russell, Flirting with Disaster (1996) —se centra en una pareja de treintañeros que descubren en la primera escena que van a tener un hijo. Burt (John Krasinski) y Verona (Maya Rudolph) deciden embarcarse en un viaje a través de Estados Unidos para decidir donde establecerse. Burt y Verona se embarcan en una expedición donde estarán básicamente “shopping around” por un lugar donde vivir, pero sobre todo por modelos de paternidad que puedan seguir de sus amigos y parientes.

El género del “road movie”, siempre implica un viaje geográfico que termina siendo paralelo a un viaje interior. Los personajes descubren en el trayecto algo sobre sí mismos y los demás que los lleva a un crecimiento emocional. Sin embargo, los personajes de esta muy fallida cinta dirigida por Sam Mendes, no van creciendo durante el viaje y sus experiencias, sino que son testigos pasivos de las diferentes formas de paternidad disfuncional de sus amigos y parientes.  Dado que ninguno de los dos tiene padres a quienes acercarse para inspiración (los de ella están muertos y los de él son unos monstruos de egoísmo), Burt y Verona pretenden encontrar modelos en las otras tenues redes sociales que han tendido a lo largo de sus vidas por todo Estado Unidos.

Su viaje los lleva de Phoenix a Tucson, de Madison a Miami y hasta a Montreal.  Aquí el filme se convierte en una serie de viñetas por las que desfilan una serie de personajes estereotipados y estridentes que pretenden ser chistosos y más bien resultan patéticos. Desde la ex colega de Verona que grita delante de todo mundo que sus senos se le están cayendo y que su hija es una marimacha (Alison Janney),  hasta la mama hippie que piensa que usar una carriola en lugar de cargar a su hijo es señal de negligencia (Maggie Gyllenhaal).

En Flirting with Disaster,  Mel (Ben Stiller) se embarca en un viaje similar con su esposa Nancy (Patricia Arquette) tratando de encontrar a sus verdaderos padres, luego de que descubre que es adoptado. Mel y Nancy tienen un bebe de 4 meses que no tiene nombre puesto que él insiste en que  no puede nombrarlo hasta que no conocer a sus progenitores biológicos para entender su herencia. En el caso de Flirting with Disaster las situaciones son genuinamente simpáticas y, además, por lo menos el guion tiene la delicadeza de explicar de dónde saldrán los fondos para cubrir los gastos en los que evidentemente se incurren en estos viajes.  En Away we Go, no nos queda más que adivinar.  Dado que el es un vendedor de seguros desempleado y ella una ilustradora de libros de medicina y no tienen dinero ni para poner una ventana de vidrio en su casa, solo cabe preguntarse: de dónde sacan el dinero para los boletos de avión y hoteles donde se quedan?  

La película resulta aun más decepcionante si consideramos que su director, el británico Sam Mendes, había  resultado un cronista bastante aceptable del infierno subyacente de las familias modelo de la suburbia estadounidense de los años 50 (American Beauty y Revolutionary Road). La otra gran pérdida es el talento de los actores protagónicos. A pesar que el papel de Burt, solo le da oportunidad para que actúe como un simpático desobligado, Krasinski muestra el potencial para la comedia que ha revelado en su papel en The Office. Rudolph como Verona, más bien parece la mama de Burt, pero demuestra a cablidad que también puede hacer drama y no solo comedia como en Saturday Night Life. Tal vez para la próxima. 

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