Argentina abre el juicio a Astiz por la desaparición de dos monjas francesas

El ex capitán de la marina argentina Alfredo Astiz, 'el ángel rubio de la muerte', comenzó a ser juzgado este viernes junto a otros 18 represores por la desaparición de dos monjas francesas entre casi un centenar de crímenes de lesa humanidad en la dictadura (1976-83).

El ex capitán de la marina argentina Alfredo Astiz, 'el ángel rubio de la muerte', comenzó a ser juzgado este viernes junto a otros 18 represores por la desaparición de dos monjas francesas entre casi un centenar de crímenes de lesa humanidad en la dictadura (1976-83).El Tribunal Federal Oral Número 5 capitalino inició el juicio oral a Astiz y otros 18 represores que actuaron en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), emblemático campo de concentración de la dictadura por donde pasaron unos 5.000 desaparecidos, incluidas las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet.En la primera audiencia del juicio oral, Astiz mostró una actitud provocadora y sonreía mientras mostraba un libro llamado "Volver a matar" y jugaba con un bolígrafo con aire indiferente, constataron periodistas de la AFP.También están sentados en el banquillo Jorge 'el Tigre' Acosta, jefe de inteligencia de la ESMA, y Alfredo Donda Tigel, que secuestró a su hermano y se apropió de una de sus hijas, Victoria Donda, hoy diputada.Delante de los jueces también estaba sentado el ex canciller y jefe naval Oscar Montes.Los marinos están acusados de 86 casos de desaparición, torturas y otras violaciones a los derechos humanos en la ESMA, en un proceso en el que también se ventilará el secuestro y asesinato del escritor y periodista Rodolfo Walsh.Astiz, de 58 años, famoso en el mundo como autor del secuestro, torturas y muerte de extranjeros, ya fue condenado en ausencia a prisión perpetua en Francia e Italia y está encausado por la desaparición de la joven de origen sueco Dagmar Hagelin en 1977.En el momento que Astiz ingresó a la sala del tribunal varias activistas de la entidad humanitaria Madres de Plaza de Mayo se colocaron sus emblemáticos pañuelos blancos en repudio al represor.Astiz se había infiltrado en esa organización para dar información clave que derivó en un operativo en el que en 1977 fueron secuestradas la fundadora de la entidad, Azucena Villaflor, las monjas francesas y otras nueve activistas, varias de ellas delatadas por el ex marino en una iglesia donde se reunían, hace 32 años.Los restos de Duquet, Villaflor y otras tres militantes fueron identificados en 2005 y recuperados en un cementerio público donde habían estado enterrados desde 1978, tras ser arrojadas al mar víctimas de los llamados "vuelos de la muerte". Domon sigue desaparecida.A diferencia del resto de los represores que vestían traje y corbata, Astiz tenía pantalón informal, suéter azul y camisa blanca.Astiz llevaba en sus manos el libro "Volver a matar", de Juan Bautista Jofre, ex jefe de inteligencia del ex presidente Carlos Menem (1989-99), y lo mostraba en gesto desafiante.El libro relata cómo el régimen militar de Alejandro Lanusse (1971-1973) logró apresar a los jefes de las entonces poderosas guerrillas de peronistas de izquierda (Montoneros) y marxistas (Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP), diezmadas por la represión de la dictadura que gobernó entre 1976 y 1983.Unos 280 testigos, muchos de ellos sobrevivientes del centro de torturas, desfilarán por la sala del juicio, que se prolongará por seis o siete meses, según prevé el tribunal.Antes del comienzo del juicio, Lucrecia Astiz, hermana mayor del ex marino, sostuvo a la AFP que el proceso "es un circo; él no va a defenderse por que no son jueces naturales; estamos perdiendo plata y tiempo".De su lado, Gladys Castro, madre de Pablo Lepiscopo, quien tenía 24 años cuando lo secuestraron en 1979, dijo que ella "lo seguía esperando en 1983 (cuando retornó la democracia); nunca me imagine esta aberración terrible".Pablo "era un militante pero no andaba con metralleta, esperamos que los condenen, que se llegue a ponerlos en carcel común por las barbaridades que hicieron", agregó la mujer.

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