Alianza liderada por Chávez desafía diplomacia de Obama

Los países de la izquierda radical de América Latina enterraron en La Habana las últimas expectativas con el presidente Barack Obama y lanzaron una abierto desafío a su diplomacia del diálogo, bajo el liderazgo del gobernante venezolano Hugo Chávez.

Los países de la izquierda radical de América Latina enterraron en La Habana las últimas expectativas con el presidente Barack Obama y lanzaron una abierto desafío a su diplomacia del diálogo, bajo el liderazgo del gobernante venezolano Hugo Chávez.Reunidos dos días en la Cumbre de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), los gobernantes de Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua y el jefe de la diplomacia de Ecuador subieron el tono contra Obama, al acusarlo de llevar tras su modelo de apertura en las relaciones internacionales, una ofensiva para frenar el avance de la izquierda en la región.Una carta de Fidel Castro, leída por Chávez, su 'hijo político', reabrió el capítulo de malas relaciones con el ex presidente George W. Bush. "Son obvias las intenciones reales del imperio, esta vez, bajo la sonrisa amable y el rostro afroamericano", escribió.En cuatro horas de retórica "antiimperialista" resonaron las advertencias: "No podrán con nosotros, sépalo señor Obama, sépalo señor Premio Nobel de la guerra", sentenció Chávez. "América Latina será el segundo Vietnam", dijo su colega boliviano Evo Morales.Esgrimieron el golpe de estado en Honduras, país sumado al bloque por el gobierno derrocado, y el acuerdo por el que Colombia permite a Estados Unidos el uso de siete bases militares, hechos "ocurridos con posterioridad a la toma de posesión" de Obama, recordó Fidel Castro."Los radicales como es el caso de Nicaragua, Bolivia, Cuba y Venezuela mantendrán ese discurso de confrontación con Estados Unidos y para eso no necesitan el hecho del Premio Nobel de Obama, cualquier argumento será valido para mantener vivo ese discurso", dijo a la AFP en Caracas el analista y ex diplomático Fernando Gerbasi.Abonó al clima las advertencias de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, a los países que "coquetean" con Irán. La Paz, Quito, Managua, además de Caracas y La Habana, estrecharon este año vínculos con Teherán firmando convenios en energía y otras áreas, incluso en visitas recíprocas de los latinoamericanos con el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad.Desde los elogios iniciales de Castro para Obama o el cordial saludo de Chávez en la Cumbre de las Américas en abril -cuando el nuevo presidente anunció una nueva era en la relación con la región-, los mandatarios del bloque vienen subiendo el tono hasta llegar al clímax con las elecciones del 29 de noviembre en Honduras."Era un escenario muy previsible (...) pierden un país como miembro, y como se trata de un mecanismo de alineación política eso les afecta", opinó Grace Jaramillo, experta de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Ecuador.Al clausurar la cita, el presidente cubano Raúl Castro afirmó que "Honduras es un ejemplo de que el supuesto compromiso de Washington y sus aliados con la democracia, no es más que pura demagogia y oportunismo"."El imperio mantiene una política inamovible, sino como explicar lo sucedido en Honduras", expresó el presidente nicaragüense Daniel Ortega.Estados Unidos, que empezó condenando sin ambages el golpe de Estado del 28 de junio en Honduras, pasó luego a encabezar una operación diplomática para intervenir en la crisis que condujo a las elecciones, reconocidas por cuatro países, entre ellos Colombia, el principal aliado de Washington en América Latina, con el que Venezuela y Ecuador vivió un año de fuertes tensiones.La Cumbre del ALBA coincidió con la primera gira del nuevo vicesecretario de Estado para América Latina, Arturo Valenzuela, que incluye a Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, países que discrepan con la postura de Estados Unidos frente a Honduras.Surgido en contraposición a Washington, sustentado en el petróleo venezolano, el ALBA -que incluye también a tres islas caribeñas anglófonas- tiene un peso económico moderado -excepto por Venezuela-, pero el activismo político que le imprimieron Chávez y Castro parece no cautivar a gobiernos más prudentes al poderoso Brasil o al nuevo gobierno de El Salvador.

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