Ahorrando dinero para gastar dinero

A principios de Abril el Secretario de Defensa, Robert Gates, anunció que el financiamiento para comprar nuevos aviones caza Raptor 22 acabaría luego de la fabricación de los últimos 46 ahora en proceso o a punto de entrar a ensamblaje. Con ellos, la flota de cazas Raptor 22 se compondría de 187 unidades, suficientes según el Pentágono para las necesidades militares de Estados Unidos en un mundo sin la Guerra Fría. Pero el anunció produjo su propia guerra en el Congreso.

Los miles de componentes que forman cada avión Raptor 22 son fabricados en varios estados del país y algunos congresistas, deseosos de defender los puestos de trabajo y los votos que podrían perder de sus electores en sus estados de origen, decidieron hacer lo imposible por ignorar los deseos del gobierno del presidente Barack Obama.

A mediados de Junio, el Comité de Servicios Militares de la Cámara de Representantes incluyó $369 millones de dólares en el presupuesto de Defensa del 2010 para la fabricación de 12 Raptores 22  adicionales a los ordenados por el Pentágono.  El ejemplo fue seguido por el Comité de Servicios Militares del Senado,  que bajo la iniciativa del senador republicano por Georgia Saxby Chambliss añadió nada menos que $1,750 millones de dólares para siete aviones extras.

Las maniobras, que nada tenían que ver con necesidades militares y tenían todo que ver con intereses políticos, no cayeron bien en la Casa Blanca y Obama amenazó con vetar el presupuesto de Defensa si contenía dinero para más aviones Raptor 22 que los que su gobierno había autorizado.

El caza, se debe reconocer, es una maravilla militar que no tiene rival en el aire cuando se trata de enfrentar a  un avión caza enemigo.  Pero sus planos fueron elaborados en los años 80 para enfrentar a gran altitud y a alta velocidad a MiG rusos que ya no son una amenaza después de la Guerra Fría. El avión no es apropiado para volar y realizar ataques a baja altura y nunca ha sido usado en combate, ni siquiera en Irak o Afganistán. Además, su costo es de $351 millones de dólares por avión y ponerlo en el aire cuesta $44,000 dólares por hora debido al mantenimiento que requiere. 

Por eso, no llamó la atención que  el pasado 21 de Julio el Senado cediera a los deseos del presidente y retirara los fondos adicionales que buscaba incluir en el presupuesto de Defensa.  La Cámara de Representantes hizo lo mismo el 30 de Julio.

Lo que sí llama la atención es que la empresa afectada, Lockheed Martin, no haya dicho nada  -al menos públicamente-  sobre el recorte ordenado por el Pentágono. Después de todo, el contrato original de fabricación firmado en 1992  era de 648 Raptor 22, no 187.

Pero su silencio tiene una explicación: el gobierno le prometió –en nuestro nombre- compensar la cancelación del Raptor 22 ordenando la adquisición del nuevo, más versátil y menos caro caza F-35.  En Texas, donde el F-35 es fabricado, los periódicos aplaudieron al Secretario de Defensa Gates en sus editoriales…

Solo el tiempo dirá si esta nueva inversión es buena, o si se tratará –como en el caso del Raptor 22- de otro despilfarro pagado por quienes  financiamos con nuestros impuestos los deseos de unos cuantos en Washington.

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