¿Y Ahora, Brasil?

¿Y ahora, Brasil? El país sudamericano se metió hasta el cuello en la crisis hondureña dándole refugio al depuesto presidente Manuel Zelaya en su embajada de Tegucigalpa a fines de Septiembre, y después de las elecciones presidenciales del domingo pasado la única condición en la que parece que Brasil saldrá del hoyo es embarrado.

La metida de pata puede haber ocurrido porque el presidente Luiz Inácio Lula da Silva quiso congraciarse con su homólogo venezolano Hugo Chávez, el mentor de Zelaya, por todas las inversiones y ventas que a Brasil le gustaría realizar o mantener en Venezuela; o quizás porque quiso congraciarse con Estados Unidos abriendo una vía de comunicación entre Tegucigalpa y Washington vía Brasilia; o quizás pensó que el papel era apropiado para Brasil, un país que sigue creciendo en influencia internacional y con obvias aspiraciones de convertirse en un actor importante en el escenario mundial.

Pero cual merecida bofetada, a los pocos días de que Zelaya se refugiara en la embajada de Brasil complicando una crisis que ya era delicada, el entonces representante de Estados Unidos en la Organización de Estados Americanos, W. Lewis Amselem, dijo que la entrada de Zelaya a la sede diplomática brasileña en Honduras había sido “irresponsable y estúpida”.

No solo que la maniobra fue infértil en el intento de restituir a Zelaya en el poder, sino que caldeó aún más el ambiente político y contribuyó a la prolongación de la crisis, permitiendo al gobierno provisional de Ricardo Micheletti llegar a la fecha de elecciones. A su vez, estas dieron legitimidad al alejamiento de Zelaya del poder cuando asuma la presidencia Porfirio “Pepe” Lobo, el candidato del Partido Nacional y ganador de los comicios el domingo.

Aunque Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Argentina, Uruguay, Cuba y Brasil  han dicho que no reconocerán las elecciones porque ocurrieron con el legítimo presidente fuera del poder después de un golpe militar el 28 de Junio, otros países, Panamá, Perú, Colombia, Costa Rica y (desairadamente para Brasil) Estados Unidos, han dicho que reconocen la limpieza del proceso electoral y la validez de los comicios; por consiguiente, aceptan la condición de presidente electo de parte de Lobo.

Las cosas así, a Brasil no le quedó mejor opción que insinuar esta semana que algunos "gestos" de Lobo y la tasa real de participación en los comicios del domingo podrían conducir a "cambios" en la postura brasileña de considerar "ilegítimo" el proceso. "Si Brasil considera que tiene que cambiar de posición, cambiará de posición", dijo en Portugal a un grupo de periodistas Marco Aurelio García, el asesor para Asuntos Internacionales del presidente da Silva.

Quizás sería lo mejor para Brasil.
Lobo ha llamado al diálogo nacional para superar la crisis; pero ha dejado en claro que el problema de Zelaya no le concierne. Adicionalmente, uno de los más influyentes empresarios de Honduras,  Adolfo Facusse, resumió la infeliz intervención brasileña en su país diciendo que a los hondureños les interesa qué diga Estados Unidos pero no les importa qué diga Brasil. Luego de mencionar que el intercambio comercial entre Honduras y Brasil es mínimo, remató señalando que “nosotros llegamos a Miami en dos horas, y a Brasil en ocho”.

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