"Ahí torturaban a mi mamá", muestra testigo de juicio a Astiz en Argentina

"Ahí, en ese pabellón donde está esa ventana tenían a mi vieja, a otras madres y a las monjas francesas", señala Luis Bianco el sitio del centro de torturas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) donde su mamá estuvo secuestrada en 1977 en plena dictadura argentina.

"Ahí, en ese pabellón donde está esa ventana tenían a mi vieja, a otras madres y a las monjas francesas", señala Luis Bianco el sitio del centro de torturas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) donde su mamá estuvo secuestrada en 1977 en plena dictadura argentina."Ahí las tuvieron hasta que a ella y a otras dos madres las sacaron para tirarlas al mar", añade Bianco, de 53 años, mientras se queda con la vista fija en esa ventana de los pabellones de tortura llamados 'Capucha' y 'Capuchita' de la ESMA, el mayor centro clandestino de detención de la dictadura (1976-83).Bianco dice a la AFP no tener un sentimiento especial al regresar por segunda vez desde 2004 a la ESMA pocos días antes de declarar como testigo en un juicio contra el ex capitán de la Marina Alfredo Astiz, represor emblemático de la dictadura.Llamado 'el Angel Rubio de la muerte', Astiz dirigía operativos de secuestro de opositores que luego eran alojados en ese campo de concentración, como en el caso de la madre de Luis, María Ponce de Bianco.El ex marino está acusado por el secuestro en 1977 de Ponce de Bianco, una de las primeras integrantes de las Madres de Plaza de Mayo, en un operativo que inició en una iglesia capitalina y del que también fueron víctimas la fundadora de la organización humanitaria Azucena Villaflor y las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon."La primera vez que vine hace cinco años me estremecí, pero ahora no, ya he sufrido demasiado", dice Luis mientras camina por el enorme predio arbolado de la capital, donde tres décadas atrás la mayoría de los 5.000 secuestrados fueron torturados y luego desaparecidos, hasta que en 2004 fue convertido en un centro para la memoria que alberga un museo de la represión.Pero Bianco ya no pudo contener sus lágrimas al recordar que el cuerpo de su madre, sepultado como NN en un cementerio de la localidad de General Lavalle, a 350 km al sur, apareció sin las manos cuando fue identificado en 2005 junto a otras activistas de las Madres de la Plaza de Mayo."Era al único cuerpo al que le faltaban las manos. Eso no puedo olvidarlo; es la imagen que me persigue, la que tengo más presente", dice.Bianco asegura que no le causará sentimiento alguno el sentarse como testigo ante Astiz en el juicio que comienza el jueves y que sólo siente "lástima por un cobarde que ha secuestrado a mujeres cuya única portación era un pañuelo blanco", en referencia al atuendo que distingue a las Madres."Estoy orgulloso de ser un hijo de estas madres porque han creado un movimiento único en el mundo. Ellas estaban solas, en plena represión, y las llamaban las locas de Plaza de Mayo. Son 32 años de lucha ¿cuántas vueltas han dado las Madres alrededor de la Plaza?", dice Bianco, empleado del sindicato de peones de taxi, en el único momento que se le dibuja una sonrisa.Su madre fue de las primeras que se sumó al movimiento de las mujeres que todos los jueves desde 1977 realizan rondas alrededor de una pirámide instalada en la Plaza de Mayo, frente a la sede del gobierno, para reclamar por sus hijos desaparecidos. En el caso de María Ponce de Bianco, ella reclamaba por el paradero de Alicia, secuestrada en 1976 a los 21 años.Antes de salir de la ESMA, Bianco saluda a un joven de unos 25 años, de pelo largo y vestimenta informal, empleado del museo, en el mismo sitio donde hace 30 años gente de pelo raso y armada hasta los dientes torturaba y hacía desaparecer.

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