En diez años, la AMA puso seriedad en la lucha antidopaje

Nacida hace diez años, en noviembre de 1999, con los sobresaltos del caso Festina, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) logró imponer las mismas reglas para todos los deportistas sin importar su disciplina y su país, pero en la actualidad le cuesta sancionar a los que las incumplen.

Nacida hace diez años, en noviembre de 1999, con los sobresaltos del caso Festina, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) logró imponer las mismas reglas para todos los deportistas sin importar su disciplina y su país, pero en la actualidad le cuesta sancionar a los que las incumplen.A finales de los años 1990, por un positivo en un control por el mismo esteroide anabolizante, la nandrolona, unos jugadores brasileños de waterpolo eran suspendidos cuatro años, un yudoca francés quince meses y una tenista estadounidense quedaba sin sanción alguna.Cada federación internacional, cada país tenía sus propias reglas, lo que dio lugar a diferencias aberrantes de tratamientos de casos.En julio de 1998, el escándalo Festina que sacudió el Tour de Francia mostró hasta qué punto las prácticas podían estar organizadas y que el sistema de controles no estaba adaptado.Para atacar ese cáncer del deporte, se evidenciaba la necesidad de crear una agencia independiente, aliando instancias deportivas y poderes públicos.El Comité Olímpico Internacional (COI), que impulsó esa idea, llegó a unir a los estados en una gran conferencia sobre el dopaje en febrero de 1999 en Lausana (Suiza), que desembocó en la fundación de la AMA el 10 de noviembre siguiente.En diez años, la Agencia, con sede en Montreal, se aplicó para armonizar las reglas, procedimientos y sanciones. Con el Código Mundial Antidopaje, que entró en vigor en 2004, fijó las condiciones del juego.Aunque la FIFA (fútbol) y la UCI (ciclismo) tardaron en aliarse a esas nuevas leyes, el Código se convirtió en un instrumento jurídico fundamental reconocido por más de 60 federaciones internacionales y casi 140 países.Algunas medidas fueron juzgadas demasiado apremiantes o intrusivas por aquellos que las sufrían, como la que obligaba a los deportistas de élite a suministrar su programa diario de los tres meses siguientes, con el fin de poder ser localizados para controles inopinados."Es la esencia misma del deporte que haya reglas de juego. Es casi como un contrato social. Si uno participa, debe respetar las reglas", señala Dick Pound, que fue el primer presidente de la AMA.La agencia, que marcará su aniversario deslocalizando la reunión de sus instancias dirigentes el martes y el miércoles a Estocolmo, sabe que la tarea es aún larga."Terminar con el dopaje y la trampa en el deporte es casi tan vano como declarar el final de la criminalidad", recuerda Jacques Rogge, el presidente del COI. "Pero vale la pena librar esta batalla y es una lucha en la que me parece que estamos ganando terreno".El número de controles antidopaje no ha cesado de aumentar, pasando de unos 150.000 en 2003 a casi 275.000 en 2008. El porcentaje de casos positivos, inferior en un 2%, deja sin embargo escépticos en cuanto a la lucha contra el dopaje a los propios expertos de la AMA."Todavía hay demasiados atletas que se pueden dopar alegremente durante las temporadas sin competiciones", lamenta Christiane Ayotte, directora del laboratorio antidopaje de Montreal, uno de los 35 acreditados por la AMA, que como otros tiene dudas sobre la manera en que se efectúan los controles."Aún sucede demasiado a menudo que, en las federaciones o los gobiernos, las personas que se ocupan de la gestión de los controles, no tienen ninguna noción del método antidopaje", insiste Ayotte.La agencia examinó el año pasado un informe que apuntaba con el dedo a las federaciones y países que no respetaban las reglas del Código Mundial, pero prefirió aplazar a más tarde su condena en público.

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